Y así terminé estudiando letras…
La historia de porqué decidí estudiar la Licenciatura en Letras Hispánicas comienza con el siguiente contexto (me gusta agregar algo de chismecito antes de lo que voy a contar): estudié la preparatoria en el Centro de Enseñanza Técnica Industrial (CETI), por lo que, mis estudios fueron de cuatro años en lugar de tres, como se realiza en la UDG. Aproximadamente, en el tiempo en que mis compañeros de secundaria hacían sus tramites a la universidad, yo comenzaba a plantearme la carrera que quería estudiar; a inicios de la prepa pensé en Arquitectura, Ingeniería Civil o Topografía, ya que mi carrera técnica era de construcción. A la mitad de la carrera no sabía muy bien, pero mi mamá ya empezaba a buscar por mí, pues claro, mis amigos de la secundaria y los hijos de sus amigas ya estaban haciendo sus exámenes de admisión y yo solo sabía que no estudiaría ninguna de las tres licenciaturas afines a mi carrera. Nos interesó para mi Letras Hispánicas y Comunicación Pública.
En mi último año me gustó el urbanismo y pensé seriamente estudiar esa carrera, pero Comunicación Pública iba ganando, tanto así que decidí, con el apoyo de mis papás, no estudiar un semestre para hacer trámites en el calendario “A”, único ciclo en que hay inscripciones a esa licenciatura. En el último momento, ya con la carrera de Comunicación Pública seleccionada en la página de aspirantes a UDG, me decidí por Letras, pues sabía que mis principales intereses se complementaban con esta carrera: la lectura, la escritura y mi verdadera pasión —que no llamaba así en esos tiempos—: la corrección de textos. Mientras esperaba el examen de admisión me informé sobre las carreras de comunicación en ITESO, pues aún no estaba del todo convencida de la decisión que había tomado, pero esa indecisión cambió durante el examen de admisión a la Universidad de Guadalajara. Algo irónico, ya que la principal motivación fue que me gustó el nombrado “jardín de la filosofía” o “Narnia” (entre otros nombres que descubrí después), así como las instalaciones de CUCSH la normal, para que tres años y medio después fuésemos trasladados al nuevo campus.
Al comenzar el primer semestre no tenía muy claro hacia donde iba, creo que aún me siento así de cierta forma, pero en esos días no sabía más que podía dedicarme a la docencia o trabajar en algo relacionado al mundo editorial. Lo que si tenía claro era eso, que quería ser representante de alguna editorial en la FIL, por todo lo que había visto a través de los videos de tantos booktubers en mis años de prepa (Fa Orozco, Alberto Villarreal, Claudia Ramírez, Raiza Revelles, entre otros), a quienes ya les habían publicado libros, o estaban en ese proceso, y compartían editores en común. Yo no sabía ni qué era una editorial, un grupo editorial, o un monstruo editorial, como se le puede conocer coloquialmente a los consorcios editoriales. Tampoco sabía qué es y qué hace un corrector, un editor y un diseñador, todo lo que sabía se lo debía a los booktubers, a la película “La propuesta” y a los libros y películas de la trilogía “50 sombras de Grey”, debo confesarlo. Pero yo sabía y sé hoy en día que quiero dedicar mi vida al mundo editorial y que sí, de una u otra forma, yo seré feliz.
Ya pasadas un par de semanas o tal vez tres, me enamoré de cómo la doctora Luz Eugenia impartía la clase de Producción de Textos Escritos, porque, como ya leyeron en el primer párrafo, estudié en CETI, donde, para titularme, debía hacer un proyecto y una tesina donde presentara pues lo que aprendí en la carrera técnica. Pero ¡oh sorpresa!, no hay buenos profes de metodología, de seminario de proyecto o de la clase de elaboración de proyecto, o no está bien estructurada la clase, o no tienen muchos incentivos probablemente; porque cuando yo cursé esas materias no logré entender nada, pero con tres semanas de clase con la doctora Lucy yo ya me sentía una experta en tesis (claro que la tesis es mi mayor temor y mi mayor némesis hoy día). Así que en ese momento fue cuando decidí que en un futuro sería docente de esas materias en mi alma mater. El plan comenzaba con dar clases en el curso propedéutico, para luego comenzar a dar las clases básicas de redacción y más adelante las de proyecto.
Todavía tengo esos planes en mente, pero, personalmente, me asusta un poco llevar a cabo esos proyectos, tengo muchas cosas en mente, y a veces no se puede hacer todo, creo que mi principal freno es el miedo, tal vez sea un poco de todo, parte síndrome del impostor, parte falta de disciplina, parte eso mismo, de tener muchos proyectos en marcha y no poder abarcar todos. Aún así, estoy contenta y satisfecha con todo lo que he aprendido hasta el día de hoy. Mis prácticas profesionales y mi servicio social han sido relacionados al mundo editorial, y he aprendido mucho sobre esos temas, es cuestión de salir, volar y enfrentarme al mundo y a mi misma para lograr todas mis metas, aquellos sueños de esa Atziri de inicios de 2020, un año que cambió la historia del mundo, un mundo al que siempre he querido mejorar. Solo puedo decir que con ayuda de Dios, mi familia, pareja, amigos y maestros, en suma de todos los proyectos que se han cruzado en mi camino, me propongo ejercer mi carrera, con actitud de servicio y de bienestar para todos y para mí.
Qué agradable leer tu experiencia, Atziri. Felicidades por dedicarte a lo que te gusta.
ResponderEliminarLas decisiones importantes suelen ser las más difíciles, me alegra que hayas podido escoger aquello para lo que tu vocación te llama. Felicidades!
ResponderEliminarMe encanta tu proyecto de dar clases en tu alma mater, y ya veras como pronto comienzas con esos otros que tal vez te dan un poco de miedo, lo más difícil ya no es problema alguno para ti, por que ya sabes que te gusta, solo falta un empujón para empezar a cumplir tus metas. Saludos
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